En
el camino hacia el cielo,
mi
alma descubrió el consuelo,
en
el encuentro con Dios.
El me cribó del pecado,
me
enseñó a ser buen cristiano,
y
perdonar el error.
Me
habló muy suave al oído,
tocó
el corazón herido,
y
me dio su gran amor.
Ese
que todo lo cura,
porque
es pureza, ternura,
y
milagrosa curación.
Porque no hay nada imposible,
si
se cree en lo posible,
la
existencia del Señor.
Hoy
me hallo en el paraíso,
y
no padezco suplicio,
porque
Dios me liberó...
Hoy me reclino en sus brazos,
y
recibo sus abrazos,
que
me llenan de calor.
María
Guadalupe Hubeñàk
Buenos
Aires
Poema seleccionado con menciòn especial en el concurso literario del Café del padre Hernan. Buenos Aires. Libreraría San Pablo. 2016.
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