Ellos
se adoraban
con
pasión sagrada.
Tu
no lo aguardabas.
Absorto
ante el lecho,
quedaste
deshecho,
lleno
de dolor.
Era
tan profundo
latir interior
no
entendías su error...
Tu
mente turbada
dudaba
abrumada,
porque
fué dañada.
Si
tú le brindabas
la
luna sagrada
y
el calor del sol.
Bajabas
del cielo
todas
las estrellas
de
gran esplendor.
Pero
ella buscaba
nuevas
aventuras
con
otro fulgor.
Mientras
tú gozabas
de
cada segundo
a
su alrededor.
Al
irse tu amada
sentiste
una daga
que
te atravesó.
Y
en una penumbra
cerraron
tus ojos
el
último adiós.
María
Guadalupe
Buenos
Aires.
Antología Homenaje a Oliverio Girondo. De los cuatro Vientos, Compiladora Mariela Fernanda, Aquilano, C.A.B.A. 2015.

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